sábado 18 de octubre de 2008
Como nacio el Capitan Trueno (continuación)
Te aviso, oye, porque me veo obligado a hacer un “comunicado”… ¡Es que en total, suman seis minutos, tú!
Yo atravesaba un mal momento… Llevaba demasiados años en la editorial.
Ya no podía aprender allí nada más. Por las mañanas, al levantarme, me sentaba en la cama y ante mi, como si desfilara una pesadilla, veía todos los actos, todos los gestos –pocos actos, muchos gestos…- que tendría que hacer, en tanto que jefe de redacción, al largo del dia… ¡No lo pude soportar más! Subí al gran despacho, sobriamente lujoso ahora, y perfectamente insonorizado, del Director. Él, que continuaba siendo puntualísimo, estaba trabajando, llenando cuartillas con su letra menuda y precisa que yo conocía bien.
Hablé atropelladamente: “Mire… Fíjese… ¿Qué le parece esto…?
¡Seis minutos! ¡Seis minutos! ¡Parece mentira! Usted sabe todo lo que hemos pasado en esta casa… ¡Cuando estábamos en el Paseo de Gracia!... Hasta veníamos a trabajar por Semana Santa… Usted sabe que teníamos hora de entrada, pero nunca de salida…
Que usted no nos ”declaró” hasta mucho después… Usted sabe que yo siempre “he posat el coll”… Que me los he ganado los sobres azules de fin de año…
El Director me miró, como haciendo un esfuerzo para concentrarse en aquello que le decía aquel personaje que parecía arrancado de “La muerte del viajante”, de Arthur Miller.
Sin duda se encontraba lejos, muy lejos, tal vez pensando en uno de sus viajes anuales a América donde iba, de vez en cuando, a ver como funcionaban las E.B. que había creado. Tal vez pensando en aquello que me dijo un dia: “Mora, yo tengo una responsabilidad muy grande. La editorial ha crecido…Siento que centenares de personas dependen de alguna manera de mi. Les tengo que dar trabajo, ¿me entiende? Les tengo que dar trabajo”. Tal vez pensaba en lo que decía, a veces, desengañadamente: “Cuando un hombre ocupa un lugar como el mio, todos le critican.
Y hagas lo que haga, te pongas como te pongas…” Finalmente, ante aquella masa de reproches míos, de dias festivos no debidamente”santificados”, de tantos y tantos trabajos “posant-t´hi el coll”, me miró de hito en hito, y con su sonrisa irónica me dijo: ”Pero Mora…¿A dónde va parar? El Paseo de Gracia… La Semana Santa trabajan-
do… ¿A dónde va a parar, hombre? ¡Aquello era la bohemia! “.
FIN
miércoles 16 de julio de 2008
Como nacio el Capitan Trueno (continuación)
En la editorial decidieron –el Director, ¿quién sino?...- pagarme el sueldo.
Yo sufría por muchas cosas, aquellos días (por ejemplo, cuando “chapado” en la celda, traducía en voz baja el diario Treball entrado clandestinamente a los dos que tenía como compañeros, con el inconveniente de que en la puerta había un agujero –el “chivato”- por el que vigilaban regularmente unos funcionarios que nos podían enviar, si llegaba el caso, noventa días a los calabozos de los subterráneos). Una de las cosas que también me angustiaban era que, encerrado como estaba, no podía continuar escribiendo las aventuras del Capitán Trueno: ¡los pobres lectores se habían quedado colgados a medio “suspense”! En la editorial decidieron que mientras no saliera escribiría los guiones otro guionista, Ricardo Acedo.
Este, amigo y excelente persona, entendió correctamente al personaje, e hizo unos cuantos cuadernos, consiguiendo que no bajara el nivel de ventas. Cuando salí de la Modelo unos meses más tarde, volví a hacerme cargo de la colección.
La salida fue emocionante. En la editorial me hicieron un gran recibimiento. El Director me llamó a su despacho y sólo me reprochó, afablemente, que me tomaba la vida demasiado en “serio”. (“Usted es un idealista, Mora”).
Más tarde, R. González me dijo: “Le comunico que he pasado a ser Subdirector Técnico. Y que el Director ha decidido nombrarle a usted Jefe de Redacción. Con aquella decisión, el Director ponía en buen lugar a un comunista que él consideraba, profesionalmente hablando, pese a saber que aquello no gustaría a la policía(¡no le gustó, en efecto!), y que aumentaría la reputación de “roja” de una editorial a la cual –las mañana en que había octavillas subversivas por la calle, pidiendo huelga- telefoneaba un cierto escritor-policía para comprobar “si todo está en orden”, si no había ningún “recalcitrante”.
El Director tuvo así la gallardía de demostrar que en su casa mandaba él. Porque, en el fondo él sabía que hizo una cosa claramente anti-fascista.El caso es que la hizo.
Unos meses más tarde, la policía llamó a la editorial. Pidieron que R.González bajara a la Jefatura, diciéndole que querían hablarle de mí y de Armonía Rodríguez. Todo el que haya sido represaliado por el franquismo, sabrá lo que representaba el solo hecho de ir a Jefatura, aunque sólo fuera para pedir un “pase” para ir a Andorra. R.González, -que tenía allí la ficha correspondiente- me comunicó la llamada fatídica muy flemáticamente sin embargo.
Todavía quiso tranquilizarme: “No se preocupe, Mora”.
Le tuvieron toda la santa mañana haciéndole preguntas: por lo visto, los policías Creix y compañía, recibieron un anónimo –alguien que a Armonía y a mí nos distinguía con su atención- donde se decía que continuábamos ejerciendo el trabajo clandestino, y que organizabamos a las masas de la editorial, de cara a la “Huelga General Pacifica” que entonces se anunciaba próxima.(¡Días despues, a Jefatural, tuvimos que ir Armonía y yo, a ”explicarnos”!).
Cuando R.González volvió, me dijo brevemente de que se trataba –entre reunión para hablar del Extra de Pulgarcito y llamada al fotograbador para ver como estaban las “tripas” del Cachorro- y pese a la molestias y las angustias que sin duda había pasado, no me hizo ni el más mínimo reproche.
Mientras tanto, del Capitán Trueno ya no salían solamente cuadernos… Habíamos creado toda una serie de publicaciones subsidiarias, cosa que hizo necesario dar trabajo a muchos dibujantes y no menos guionistas. (Así es la vida… Uno cree que lo más útil que ha hecho en la vida es escribir unas cuantas cosas para distinguirse de los otros; mantener según que actitudes a contracorriente… Y puede que lo más positivo que haya hecho es haber contribuído, muy directamente, con fuerza, a hacer funcionar, en Barcelona y alrededores, muchos talleres de artes gráficas, e incluso haber creado algunos que no existian, etc, etc). Esto hace que hoy en día exista una masa inmensa de material del Capitán Trueno, personaje que se ha mantenido a través de los años.
Después de muchas tensiones y negociaciones, casi tan duras como las de Kissinger y las de Le Duc Tho para liquidar la guerra del Vietnam, y en vista de las sucesivas reediciones del Capitán Trueno y del Jabato (cuaderno creado por mí, pero con un título impuesto por la dirección) obtuve finalmente que se me abonasen, con cierta regularidad, derechos de autor –no reconocidos como tales- que nunca pasaron de cinco cifras . Esto se hizo sin ninguna posibilidad de control por mi parte, sin recibir nunca un comprobante de pago con cabecera impresa, o sea en un clima de desconfianza total, digno del que imperaba entre el Capitán Trueno y el Conde Kraffa, uno de los “malos” más distinguidos de aquellas aventuras.
Según he sabido más tarde, estas cantidades me las fueron pagando (hasta que, a raíz de mi actitud “subversiva” reforzada, decidieron “castigarme”) “a título benévolo” (sic), dejandome sin ellas.
(Nota de Víctor Mora, en 2008)
.
Al leer este texto de antaño, actualmente dá la sensación de que E.B. era una cueva de ladrones…Téngase en cuenta que en los años 50, tras la guerra civil de 1936-39 que había ganado el capitalismo más brutal, la reacción más repugnante seguía cubriendo España.
Todo el capitalismo español era una pura brutalidad (con alguna excepción). E.B.tenía actitudes positivas que ya he reseñado.
No fuí el único, ni muchísimo menos en beneficiarse de ellas. Con respecto al Director he de decir que, cuando se ha sido “rojo” de verdad, siempre queda algo de humanidad, para proyectarla con los demás sean quienes sean esas personas.)
Víctor Mora (continuará)
domingo 6 de julio de 2008
Como nacio el Capitan Trueno (continuación)
Férreamente conducido por el Director, impulsada por todos, la Editorial había ido creciendo. Ahora se editaban muchas más cosas: desde cromos de “Sissi Emperatriz”, hasta ”best-sellers” tipo “No serás un extraño” (con cubierta copiada de una foto de la película, por imperativos comerciales). El “Departamento de revistas” seguía siendo fundamental. En aquellos días, se publicaba un cuaderno de aventuras, “El Cachorro”, que escribía y dibujaba Iranzo (el de “La familia Pepe”). De parte del Director, R.González me pidió que estudiase un nuevo personaje de aventuras:“Si consigue la tirada del “Cachorro”, estaremos satisfechos”, me dijo. ”Así que tome vitaminas para el “cerebelo mental”, Mora”. Desde hacía tiempo, yo tenía ganas de crear un personaje de “caballero andante” que viviera en la Edad Media. Las aventuras de “Prince Valiant”, de Hal Foster, un “comic” extraordinario que yo descubrí, exiliado con mis padres en Francia, cuando tenía ocho años, me había impresionado muchísimo.
“Prince Valiant” era un caballero de la Tabla Redonda –la del rey Arthur y su mítico Camelot- y luchaba siempre a favor de los “débiles” y los “oprimidos” (como decía el propio Foster). (Una de las repercusiones más fatales que tuvo para el niño que yo era la ocupación de Francia por los nazis, fue que se suprimieron, entre otras, las aventuras de “Prince Valiant”…) Aquella lectura me había impresionado muchísimo, como decía, y me marcó profundamente.
“PrinceValiant” no solo es responsable –con el Capitán Nemo y Miguel Strogoff…- de una parte de mis primeras emociones estéticas, sino también de que me haya comprometido muchas veces a hacer cosas que no he podido llevar a término satisfactoriamente -o no, como yo habría querido- porque sólo las habrían podido realizar estos héroes férreos que actuaron en mí, como modelos de comportamiento éticos, de la misma manera que han actuado, en otras personas, héroes y santos de procedencias muy diferentes. Así pues, al proponerme aquello R. González , escribí tres o cuatro páginas donde quedaba “retratado”, con ruidoso nombre y todo, “El Capitán Trueno”y aquel proyecto mío fue sometido tal cual al Director, que lo aceptó sin rectificación alguna. El dibujante valenciano Miquel Ambrosio Zaragoza “Ambrós”, antiguo maestro nacional y uno de los mejores dibujantes de este país, creó gráficamente los personajes y, seguidamente, se puso a ilustrar el primer guión que yo, mientras tanto, había escrito y firmado con el seudónimo de Víctor Alcazar. (Entre otros motivos, tenía el de ser tan ignorante que todavía creía que los “comics” eran sub-cultura, y reservaba el de “Víctor Mora” para más nobles empresas…
Tal vez novelas –género respetable y respetado- que tal vez nunca tendría la calidad de un “comic” – género que hace arrugar tantas narices elitistas- como “Prince Valiant”). Aquel primer guión y todos los que siguieron fueron siempre escritos por mí en casa, fuera de horas de trabajo cubiertas por mi sueldo y me los pagaron, pues, independientemente.
Ya a partir de los primeros cuadernos, El Capitán Trueno, hundió todos los “techos”, superando ampliamente las cifras de venta de El Cachorro y de cualquier otra publicación Pero de este éxito, que hacía ganar mucho dinero a la Editorial, yo no participaba como creía merecer. Apenas si obtuve, con el tiempo,algún pequeño aumento, por el precio a-tanto-la-pieza que me pagaban. Sin duda, en otras circunstancias, yo habría exigido que se diera un porcentaje sobre aquello que se vendía. Pero hablar en aquellos tiempos en la Editorial, y en otras editoriales del país, de algo parecido a “porcentajes”, “contratos”, “royalties”, etc.etc., habría sido digamos absolutamente “subversivo”. Cuando alguien hablaba de “derechos de autor” en E.B. le tapaban la boca explicándole –delicado sofisma- que aquello de los derechos de autor era algo poco me-
nos que irracional, por qué, a ver: ¿Verdad que cuando un carpintero vende la mesa que ha hecho, se le da una cantidad y santas pascuas? Pues con las cosas que se escriben era preciso que pasara lo mismo. Si el interlocutor “irracional” era una persona de sentimientos democráticos, se le hacía ver, de pasada lo poco demócrata era al considerarse mejor que un carpintero.
Además, aquellos días, yo acababa de contraer graves compromisos políticos –había encontrado el ya mencionado ”nivel de la acción política clandestina”- y aceptaba lo que viniera, porque no me atrevía a abrir un “segundo frente” en mi vida. Tengo que decir que a partir de aquel éxito de Ambrós y mío, se hizo en la editorial , por parte de la Dirección, como una especie de clima enrarecido. Parecía que de repente les molestara, no el hecho de ganar mucho dinero con El Capitán Trueno, claro, ¡sino el hecho de “deber” su éxito a alguien, los autores! “¡Todo estaría perfecto –me decía yo- si yo muriera y ellos continuaran recibiendo, por correo, guiones del Capitán Trueno desde el otro barrio!” Aquella actitud de la empresa, inexplicable para el joven ingenuo que yo era, de indiferencia, y como de resentimiento porque alguien que no era el Director había tenido la idea de El Capitán Trueno, llegó hasta tal punto de que un día me encontré en el despacho del Director teniéndole que recordar que aquel personaje lo había creado literariamente yo –nombre comprendido- de arriba abajo, y que, como demostración, tenía la copia de la proposición –el “comunicado”- que había hecho por escrito a la dirección… El Director me dijo: “¿Quiere usted decir que no se equivoca?”. “¡No me equivoco!”, respondí secamente. “Pues ya lo comprobaré”, prometió. Y días después, como de pasada, me dijo: “A propósito, Mora, aquello que me dijo el otro día, era cierto. Buenas tardes.”
Recuerdo que me quedé estúpidamente satisfecho al ver confirmado, por una persona tan principal, aquello que yo sabía perfectísimamente. Y que perfectísimamente sabía todo el mundo en la Editorial.
Víctor Mora
(Contnuará)
lunes 23 de junio de 2008
Como nacio el Capitan Trueno. (Cont.)
En el paseo de Gracia teníamos horas de entrada…pero no de salida. Trabajabámos como leones, por así decirlo.
Ahora estaba plenamente dedicado a rehacer su vida y la de su familia, plenamente librado a un trabajo que dominaba, porque estaba muy por debajo de sus verdaderas capacidades: uno de tantos hombres de calidad que el franquismo partió por la mitad.
Durante la época del Paseo de Gracia, teníamos horas de entrada… ¡pero
nunca de salida!.
Mientras Lladó se hacía uno de sus insoportables puros, Marsillach discutía de la existencia de Dios con R.González, que paraba unos momentos la “trepidancia”, como llamaba en broma al ritmo de su trabajo. Marsillach era católico practicante. González se proclamaba agnóstico. Yo estaba demasiado poco calificado para meter baza, pero me sentía muy superior a ambos, gracias al poco tiempo que llevaba de marxista clandestino y a la insensata seguridad de la poca edad. “Pero, ¿todavía no se han dado cuenta de que no existe?” González toleraba a Marsillach si bien se notaba que le echaba en cara –muy delicada mente por pura amistad- el haber continuado siendo periodista bajo Franco.
* * *
VICTOR MORA (Continuará)
lunes 2 de junio de 2008
Como nacio el Capitan Trueno (continuación)
COMO NACIO EL CAPITAN TRUENO (Continuación)
Mis primeros trabajos como redactor en la Editorial Bruguera consistieron
en hacer propaganda de las novelas de Corin Tellado. Y también de Sergio Duval, Trini de Figueroa, Maria Adela Durango, y otros. La cosa iba más o menos así:
En la cálida noche de Borneo, embria-
gada por los efluvios de la lujuriante vege-
tación, Jessica de Winter se abandonó en-
tre los viriles brazos de Lord Sutton. “¡Je-
ssica!”, susurró más que dijo el aristócra-
ta. Hasta ellos llegaba, cual velada amena-
za, el lejano tam-tam del
AM OK! PASION SALVAJE!
¡Señora! ¡Señorita! ¡No deje de leer esta
sugestiva novela de (aquí, el nombre del
autor/a)! Una nueva joya literaria de la
prestigiosa
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Cuando yo le conocí, el Sr. Francesc –a quien me referiré como el Director- debia tener cuarenta años y pico. Venia poco por el Paseo de Gracia.
Pasaba casi todo el dia en los talleres, en Vallcarca. Así como el Sr. Pantaleón era un hombre accesible a todo el mundo, que hacia broma -simpática e inocente- con las chicas lindas de la casa, que nunca tenia un “no” cuando alguien le pedía, con motivos razonables algo a cuenta, el Director, mucho más distante, adoptaba el carácter de los jefes de verdad. Era un hombre de trato estrictamente correcto, sabía ser encantador cuando quería – con la ironía e incluso el sarcasmo fáciles, que nunca dejaba de hablar severamente si lo creía necesario. Cuando él entraba en la Editorial, todos se daban cuenta y ponían atención (facultad, esa de centrar la atención, que él exigia, por otra parte, a todos aquellos que pensaba distinguir con una u otra “jefatura”de la Empresa). Yo que, entonces, con mi esquematismo juvenil, le miraba poco menos que como el “burgués insaciable y cruel“ de la Internacional, le encontraba muy autoritario, mezquino y excesivamente desconfiado; sobre todo cuando la desconfianza me afectaba directamente, como aquel dia que él tenia prisa por irse y yo estaba acabando cuidadosamente una carta que él me había pedido hacer. “Si quiere, Sr. Francesc, puede irse…” le dije. “Firme la carta, antes de que yo la termine, y así podrá marcharse.” “Mire, Mora –me respondió- yo no firmo nunca nada que no vea. ¿Me entiende? Usted haga lo mismo e irá bien, créame”. Y se esperó hasta que terminé. Para él no habia nadie que fuese imprescindible. El que no aceptara las condiciones que le convenían ya podía coger la puerta. (Esto ha hecho que con el tiempo se pudiera decir que E.B.es una estructura que“escupe” al genio, refiriéndose a gente como Perich, Gin, Ilario, “Oli”, etcétera.)Lo meditaba todo con una gran prudencia, pero cuando tomaba una decisiónera inamovible. Sus decisiones comerciales –normalmente refrendadas por eléxito- despertaban en aquellos que en algún momento, movidos por el interésde la Empresa, le habian llevado la contraria, quedaban con sentimientos deduda sobre ellos mismos… ¡Los hechos parecían darle siempre la razón! Entre la gente que trabajaba en E.B. tenía la reputación de ser un hombre duro ynada generoso a la hora de los pagos (siempre puntuales, eso sí) pero no de serun hombre malo; había intervenido personalmente muchas veces, por ejemplo,cuando a alguien le humillaban gastándole las bromas del caso. Habia quien lellamaba “El bigotes” –a escondidas, claro estaba- porque le encontraban un parecido a Stalin. Sí, que había una semejanza… Un Stalin con trajes de un tejidoque hacia como unas aguas, comprados en los EE.UU, gran novedad en aquellosdìas. Se sabía positivamente que en su casa, su familia –de la que era la única cabeza indiscutible e indiscutida- le tenía una verdadera adoración. Sólo tenía hijas, bonitas y sencillas. No era dificil caer bajo el indudable magnetismo del Director y admirarlo francamente, aunque se le desaprobara. Ha sido el caso de muchos, yo inclusive.
* * *
VICTOR MORA (Continuará)
lunes 31 de marzo de 2008
Como nació el Capitán Trueno
Mi madre era vendedora en el Mercado de la Boquería. Desde los once años, yo estaba en la calle ganándome la vida. Atravesaba la ingrata ciudad de la post-guerra como sin querer mirarla, alzando los ojos de uno u otro libro que me servía de evasión. La buena gente del Mercado, sorprendida con tanta lectura, me llamaba "el abogado de los pobres" y me miraba con un poco de inquietud como la gente que toca de pies en el suelo suele mirar a quienes no sabe muy bien como catalogar. Sin fortuna, por lo tanto sin familia próspera, sin relaciones importantes, hijo de un policía de la Generalitat que había muerto en el exilio a consecuencia de fiebres palídicas y otros males contagiados en el campo de concentración de Bram (Agde). Para mi Franco y compañía eran el Mal Absolut. Pero yo miraba todo lo que pasaba aquel día en la ciudad como un espectador. Muy interesado, eso sí, pero como un espectador. Y no participaba en ello como no fuese muy desde el fondo de mi mismo. Todavía no había cubierto el último nivel de participación política que deja el capitalismo -cuando por su conveniencia se pone la máscara del totalitarismo derechista- para gente como yo: el nivel de la acción clandestina.
En la editorial Bruguera me recibió el redactor en jefe, Rafael González, un hombre rubio, de unos cuarenta años, con ojos aguados que no siempre miraban a los tuyos al hablarte -ojos de hombre tímido a quien le ha costado vencer su timidez- y recortado bigote inglés. Le di el trabajo que llevaba: un adaptación de "El amigo Frirz", de Erckmann-Chatrian, que habías concebido para aparecer en dibujos con un texto debajo. "¡Demasiado texto!" sentenció inmediatamente el Sr. González. "Le aseguro que no se puede quitar una sola palabra", dije yo temerariamente. "¿Qué no?". Sacó una parker y empezó a tachar. Sencillamente eliminaba la "paja". La admiración mató mi indignación. Y creo que a partir de entonces, aquel hombre fue para mí, en muchas cosas, un maestro. Dos semanas antes, aquel hombre -que entre otros muchos personajes y publicaciones había creado literariamente el mítico "Inspector Dan de Scotland Yard"- ya me había rechazado otros dibujos: "No me interesan, Sr. Mora -me dijo- Pero, ¿quien le hace a usted los textos?" Y, seguidamente, después de haberme hecho una serie de preguntas referidas a lo que yo había podido ver aquel día por la ciudad, camino de la Editorial -preguntas que me lo revelaban como un enemigo del régimen franquista- me dijo: "Mora, usted quiere ser dibujante de tebeos, pero si usted escribe estos textos es un escritor. Tendrá que decidir. ¿Le gustaría ser redactor aquí?"
***
(Continuará)
lunes 3 de marzo de 2008
VA DE CUENTO
-¿Es usted el 8.324?
-A sus ordenes, señor comandante.
-¿Habita usted el barracón 233?
-Sí, señor comandante.
-¿Es cierto que ha construido usted un violín?
-Sí, señor comandante.
-Nadie le ha dicho que descansara. ¡Firmes!
-Sí, señor comandante- Son los nervios, señor comandante...
-¡Silencio! ¿Quien le ha proporcionado las herramientas?
-Nadie, señor comandante. Lo he hecho con este cortaplumas.
-¿De dónde ha sacado usted las cuerdas?
-Conseguí material para hacerlas en la cocina del campo... Me dieron unos intestinos que...
-¡Ah! De modo que tiene cómplices... Bien. Ya veremos esto. ¿Y la madera...?
-Es... Madera ---Del barracón, señor comandante.
-¡Ah! De modo que madera del barracón... Aquí tengo su ficha, 8.324.
-Sí, señor comandante.
-Vamos a ver... Usted ya cometió "otros" hecho delictivos... Sí, esto es... El diez de marzo... Frente a las letrinas, se salió de la fila para coger una flor.
-Sí, señor comandante.
-¿Para que quería la flor?
-No lo sé, señor comandante... Vi la flor y sentí algo... Algo más fuerte que yo...
-Y le ocurre a menudo esto de hacer las cosas sintiendo algo más fuerte que usted?
-No, señor comandante.
-¡Firmes!
-Sí, señor comandante. Perdone el señor comandante.
-Aquí hay algo más grave... El día veintitrés 23 de noviembre, a las cuatro de la tarde, le fue ocupada, durante un cacheo, un postal que usted había utilizado para una finalidad distinta de la que debe tener una postal.
-Sí, señor comandante.
-Aquí está... Sí, había algo escrito en la postal... Veamos, veamos... "Después de la noche, viene el día". ¿Qué significa esto...?
-Pues... Pues... Sólo eso... Lo escribí sin saber... Sin saber por qué...
-¡Ya! Fue algo más fuerte que usted.
-Sí, señor comandante.
-¿Está seguro de que esta frase no tiene un doble significado?
-Seguro, señor comandante.
-Esto ya lo veremos.
-Sí, señor comandante.
-Volvamos al violín... ¿Se da cuenta de que lo ha construido con materiales que pertenecen al campo...?
Sí, señor comandante.
-¿Para qué lo quiere?
-Para tocar en él, señor comandante.
-¿Está seguro de que sólo lo quiere para eso?
-Completamente, señor comandante. Me gustaría tocar...
-Siga, siga. Explíquese.
-No era nada, señor comandante...
-¡Explíquese, le digo!
-Me gustaría tocar... En su funeral...
-¿Cómo...?
-Perdone, el señor comandante.
-¿Qué ha dicho...?
-Perdón... Ha... ha sido algo... Más fuerte que yo...
FIN
Nota:Este cuento se publicó, en castellano, en el volumen "La víctima" en la colección LEOPOLDO ALAS de Editorial Roca, Barcelona, en 1960. Después, se ha traducido a varios idiomas y publicado en diferentes recopilaciones de cuentos.
Al mismo tiempo de facilitar esta información, aprovecho la ocasión para dar las gracias a todos aquellos que han tenido la amabilidad -para mi inestimable- de enviarme sus comentarios. Afectuosamente, Víctor Mora a 2 de febrero del 2008.